martes, 3 de julio de 2018

más de MÚSICAS EN LA ANTIGÜEDAD. CAIXAFORUM Madrid. Del 5 de junio al 16 de septiembre


Dioses de la música y dioses músicos

Estela de la música, 2140-2110 a.C. Tello, Irak. Piedra caliza. © RMN-Grand Palais, Musée du Louvre. Foto: Mathieu Rabeau
¿Cuál es la mitología que rodea a la música en las distintas culturas?
En la exposición podemos contemplar las estelas de los mitos más antiguos procedentes de Mesopotamia, donde el demiurgo sumerio Enki (o Ea en acadio) crea la figura del músico del rey y transmite a los hombres el arte del hechizo y de las invocaciones mágicas.
Pero hay muchos más ejemplos que podemos ver en la visita: en Egipto, varios dioses, entre ellos Amón, crean el mundo gracias a la palabra, y Hathor es venerada como diosa de la música, la danza y la alegría. Su imagen adorna el mango de los sistros, cuya función es entretener a la diosa y apaciguar su ira.

Imprescindible contemplar la mitología grecorromana en estatuas, terracotas y vasijas donde aparece Hermes fabricando la lira, Pan la syrinx (siringa o flauta de Pan) y Atenea el aulós.
En una crátera aparece Orfeo asesinado por las vacantes, enojadas porque el poeta nunca más iba a amar una mujer después de haber perdido a su amada Eurídice.
Y por último en una terracota aparecen representadas las malvada sirenas del mito griego devoradoras de hombres (nada que ver con las dulces sirenas de Disney). Con sus cantos intentan seducir a Ulises que para poder oír su voz ordenó a los marineros que le atasen al mástil de su barco.

sábado, 30 de junio de 2018

MÚSICAS EN LA ANTIGÜEDAD. Del 5 de junio al 16 de septiembre

De Irán a la Galia, la exposición Músicas en la antigüedad reúne un conjunto excepcional de 373 piezas delicadas procedentes, en su mayor parte, de las colecciones del Musée du Louvre, y también de unas veinte instituciones internacionales, entre ellas el Metropolitan Museum de Nueva York, los Musei Capitolini de Roma y el Museo Nacional de Atenas. 
Arpa Egipcia. Tebas siglo X-VIII a. C

Y para abrir sabor de boca, los comisarios de la exposición han elegido muy acertadamente una bellísima arpa egipcia para recibir al visitante. Conservada por las arenas del desierto, esta arpa de madera pintada de color verde pertenece al tercer período intermedio y se data entre el siglo X-VIII a. C.  Es una pieza excepcional, tan sólo las cuerdas son modernas y ciertas partes de cuero. A su lado está la reproducción que se hizo para la exposición universal de 1889 en París.
Después de este magnífico recibimiento, uno puede deleitarse en una exposición que tiene varios ámbitos, de los cuáles caben destacar los siguientes:

La música antigua en el imaginario occidental


Nada mejor que un cuadro para hacerse una idea de cómo eran los músicos en el mundo antiguo o los carteles de los péplums hollywoodenses.
Nuestro imaginario reúne la idea de un Nerón tocando la lira mientras arde Roma como aparecía en la película Quo Vadis ( Nerón fue el único emperador romano que se jactaba de una formación musical y participaba en concursos), o que el sonido de trompetas siempre se relacione con las legiones romanas (aunque la trompeta se inventó en Egipto).
trompeta que hicieron para la representación de Aida
original egipcio  











En esta sala también pueden contemplar la recreación de una trompeta egipcia que se hizo para el estreno de la ópera Aida (aunque fue un error arqueológico porque en realidad no era una trompeta, sino que lo que encontraron fue un atril de un templo).

El redescubrimiento de la música antigua y los vestigios de los instrumentos antiguos

Tambor egipcio de dos membranas
Es a partir de la expedición de Bonaparte a Egipto cuando nace la arqueología musical. Se publican, los himnos délficos, aparecen las trompetas en la tumba de Tutankamón, los címbalos en Susa, la lira “Elgin” en Atenas, el sistro de un sacerdote de Isis en Nimes etc. En la propia sala se pueden oír los sonidos de aquellos instrumentos.



domingo, 3 de diciembre de 2017

Dicen que la mujer más bella de Berlín es Nefertiti, pero estas Navidades el hombre más bello de Madrid es sin duda el Efebo de Antequera.


Nada mejor que visitar Madrid en Navidad, las calles iluminadas, las masas locas por comprar regalos, los belenes, los museos y las banderas de España colgadas de los balcones.
Estamos de lo más patriótico, pero si alguien quiere sentir de verdad el orgullo de ser español, no tiene más que pasearse por Serrano 13 y entrar a ver la exposición "El Poder del pasado. 150 años de arqueología en España"

El Museo Arqueológico nos ha traído a los madrileños un regalo navideño anticipado:  lo mejor de lo mejor de todos los museos de España. Si alguien piensa que exagero, que se pase por la calle Serrano y que vea las 150 maravillas que ha reunido el comisario Gonzalo Ruiz. Por cierto, los textos son excelentes, reflexiones con sentido común y sin palabras vacías.
Podemos sacar pecho y decir bien alto que somos el segundo país con mayor patrimonio histórico del mundo (el primero es Italia). Por toda la geografía hay tesoros que descubrir y si uno no puede permitirse visitar nuestros museos provinciales, el Museo Arqueológico los ha reunido todos, en total hay 70 piezas de museos de todas las provincias, y el resto de la exposición se completa con las que se pueden ver en el MAN.
Pero hay una pieza sorprendente, el efebo de Antequera, un bronce del s. I que quita el hipo. Es la belleza absoluta y también el clasicismo que reúne toda la perfección del arte grecorromano. Está a la altura de las mejores estatuas de Fidias o de Praxíteles, y lo tenemos estas Navidades en el Arqueológico.
Además, la exposición reúne piezas que muy raras veces pueden verse: un conjunto de pequeñas tablillas de cera romana que se unen con un cordel para formar un librito en miniatura. Una muñeca articulada romana del s. IV encontrada en una necrópolis de Albacete, o una preciosa vajilla de cristal de roca.
Podría seguir nombrando una a una cada pieza que ha reunido el Museo Arqueológico, pero les recomiendo que lo visiten, porque todas las piezas resumen la historia de España desde las cuevas de Atapuerca hasta la Edad Media.

Y hay que agradecer a todos los museos que han colaborado y permitido que los madrileños, y por extensión los miles de turistas nacionales e internacionales que nos visitan puedan disfrutar de nuestros tesoros.

lunes, 3 de octubre de 2016

EXPOSICIÓN LA LUSITANIA ROMANA. Museo Arqueológico Nacional

Guerrero lusitano
Todavía están a tiempo de ver esta curiosa exposición organizada por el Museo Arqueológico Nacional que recoge piezas en cinco ambientes, procedentes muchas de ellas del Museo Romano de Mérida y diversos tesoros nacionales portugueses.
No es una exposición extensa, pero vale la pena recorrerla por algunas piezas que ha recopilado.
Comienza con un imponente guerrero lusitano, que por supuesto queda deslucido al lado de la magnífica talla de Augusto. Pero lo sorprendente es que, aunque la Lusitania fue romanizada por Augusto entre el año 16 y 13  a.C, el guerrero romano fue tallado en el s. I d.C, es decir, que los lusitanos seguían tallando sus estatuas de guerreros bastante después de la romanización, como si en la provincia se viviesen vidas paralelas: las de los colonos romanos y las de los nativos.
Hay más muestras de esa cohabitación, y la más curiosa es una estela que aparentemente parece escrita en latín, pero que está escrita en lengua lusitana usando caracteres latinos.
La Mérida cosmopolita está representada en una pieza exquisita, un vaso de ágata con forma de sileno, llegado sin duda de algún lugar de oriente.
vaso de ágata

Y cómo no, hay muestras de la tolerancia que siempre tuvo Roma con todo tipo de religiones. Podemos ver estatuas de dioses orientales: Isis y Mitra; otros puramente romanos como las musas del mosaico de un triclinium de una villa; pero también es sorprendente una estela judía y las cruces cristianas de las tumbas.
 
Mitra, dios solar persa. Le faltan los rayos del sol que salían de su cabeza, quedan los agujeros en su pelo de lo que eran los rayos dorados metálicos que tuvo en su día
Musas de la villa romana de Torre de Palma. La inscripción pide que se barra con cuidado y desea la buena suerte

Lo mejor de la exposición:
  • El missorium de Teodosio (es una copia, el original lo tienen escondido sólo para los ojos de académicos e investigadores en la Real Academia de la Historia): un disco de plata utilizado para ceremonias con la inscripción de que se hizo para celebrar el décimo quinto año del reinado del emperador.

Foto de: Manuel Parada López de Corselas para Wikipedia

·         El disco de Teodosio encierra una extraña historia de cómo se descubrió y de quiénes son los personajes que aparecen en él. 
El emperador del centro es Teodosio, y se supone que los que están a sus lados son sus hijos Honorio y Arcadio y el que figura recibiendo un edicto de su mano sea Valentiniano; pero hay versiones donde se dice que tal vez uno de ellos sea Valentiniano el que figura a su lado y que el hombre que recibe el edicto sea un gobernador de Augusta Emérita. 
Tampoco está claro si los cuatro jornaleros que se lo encontraron en el 1847 mintieron y en realidad está partido para repartirse el botín, o si estaba originariamente doblado más o menos por la mitad. Ni se sabe con certeza dónde se encontró, puesto que los jornaleros aseguran que fue en un lugar donde no hay restos romanos, y se sospecha que fue en otra villa y lo ocultaron para seguir buscando por su cuenta tesoros. 
Lo único cierto es que se realizó en la Ceca de Constantinopla y atravesó todo el mediterráneo para acabar en la provincia más occidental del imperio: la Lusitania.
Combina los símbolos del cristianismo: el orbe que sostienen las figuras, el aurea de sus cabezas y la cruz, con los paganos: amorcillos, una diosa Fortuna con la Cornucopia
  • ·         El sarcófago de las estaciones es otra pieza preciosa. La decoración es delicada y sugiere que uno se iba al averno con todas las comodidades y placeres de la vida terrena: vino, diosas de la victoria, bellos efebos y amorcillos. Eso sí, por ninguna parte aparece la esposa del muerto, sólo frutas y cuernos de la abundancia.

 
Fuente Wikipedia. Fotógrafo: Amfeli

Lo peor:
·         Hay números sobre los objetos, pero luego no se corresponden con cartel alguno explicándolos. Parece como si se hubiesen olvidado de ponerlos.
Números sin leyenda que le corresponda.
Arriba a la izquierda un espéculo vaginal. centro abajo una moneda para Caronte
Eso obliga al visitante a adivinar qué diablos es una de las piezas más extrañas y mejor conservadas de la exposición: un e
spéculo vaginal de bronce que data del periodo romano (Siglo I D.C) encontrado en una sepultura en Mérida. Pertenecía al ajuar fúnebre de un médico y junto a él puede observarse una moneda para Caronte y diversos objetos médicos que sería de gran interés que estuviesen explicados. Otra vez será, esperemos que el Museo no vuelva a cometer ese error.



domingo, 5 de junio de 2016

LOS ESCIPIONES. ROMA CONQUISTA HISPANIA. Exposición

Busto de Escipión el Africano. Museo Nacional de las Termas. Roma
Si tiene ocasión, les recomiendo asistir en Alcalá de Henares a la magnífica exposición del Museo Arqueológico de la Comunidad de Madrid, que estará abierta hasta el 4 de septiembre de este año 2016. En seis salas, el museo ha logrado reunir más de 200 piezas espléndidas  procedentes de más de 30 instituciones, entre ellas Museos Nacionales Romanos. De lo mejor de cada una de las seis salas de la exposición les resaltaré lo que vale la pena contemplar:
Primera sala con terracotas romanas y el imponente busto de Escipión el Africano. Uno pensará que esas terracotas no vienen a cuento, pero sí, porque esa era la Roma de los Escipiones, una ciudad hecha de terracota, sin mucha gloria ni boato, donde incluso su dios más importante, Júpiter Capitolino, estaba hecho de tan modesto material. Tras las conquistas de los Escipiones y el enorme botín que se llevaron de Hispania, la ciudad se transformó en una ciudad de piedra, abandonando su pasado humilde y con una gran influencia Helenística. Una muestra del botín puede verse en forma de lingotes de plomo. 
lingotes de plomo romano. S. II a. C Cartagena

En esta primera sala vemos el busto del miembro más importante de la familia de los Escipiones, el conocido como El Africano  tras de la batalla de Zama, aunque se trata de una copia hecha en época de Augusto, y que poco se parece a la otra copia que se conserva de Escipión el Africano que se encontró en Herculano.
Escipión el Africano de Herculano




Lo mejor:
·         El guía Nibio López, que explicó con un tablero de ajedrez cómo se desarrolló la guerra. Nunca he visto mejor explicación de las guerras púnicas. Se lo contaría, pero vayan a verlo y me darán la razón. 

  • Las ilustraciones de Albert Álvarez Marsal
·         La catapulta romana, llamada scorpio encontrada en Teruel, en Caminoreal.


·         Una escena donde aparece una groma traída del museo de la ciudad Romana y un soldado manejándola.

·         Los exvotos de guerreros íberos. Esas pequeñas estatuillas que se ponían en las tumbas para acompañar al muerto. A pesar de la tosquedad, cada una encierra una historia.
Exvotos de Guerreros íberos

·         El guerrero íbero de los Villares hecho en piedra caliza del año 490 a.C, que ahora está en el museo de Albacete.
·         Denario de Kese del s. II a. C de Tarragona.  Tal vez el denario más antiguo en la península, pero las demás monedas de la exposición no desmerecen.
·         El remate de un estandarte militar romano con forma de jabalí.
remate de estandarte militar

·         Y por supuesto el soberbio Hércules del s. II d.C. que está en el Prado.
·         Los tres tipos de espadas de íberos.
Proyectiles  de hondas y espadas íberas

Lo peor:
·         Carteles sin luz.
·         Palabrejas que se podrían haber ahorrado, por ejemplo:” antefja con prótomo de bóvido”, en realidad es un toro de piedra con dos bolas a la izquierda.
·         La cronología es caótica: comienzan las batallas con la de Kissa en Taragona en el año 218 a.C, pero no hay ninguna referencia a qué ocurrió antes de dicha batalla, ni una pequeña explicación histórica.

La historia que no se cuenta en la exposición, y que hubiese sido necesario para comprenderla se resume en lo siguiente:
La familia de los Escipiones queda ligada a Hispania desde la segunda guerra púnica, cuando en el 218 a.C desembarca en Ampurias Cneo Escipión, mientras su hermano recién nombrado Cónsul se dirige con sus tropas a Marsella para detener a Aníbal que ya había pasado los Pirineos. El pintor Albert Álvarez Marsal refleja ese momento:
Cuadro de Albert Álvarez Marsal. La llegada de Cneo Cornelio Escipión a Emporion
Cneo Escipión llegó ocho meses tarde, algunos dicen que a propósito para que Roma tuviese un "Casus Belli" para iniciar la Segunda Guerra Púnica. 
Sagunto tenía un tratado con Roma y les había pedido ayuda a los romanos ante el ataque de los cartaginenses. Los romanos, en vez de enviarles la ayuda tan esperada, los abandonaron a su suerte y la ciudad fue tomada por Aníbal tras ocho meses de asedio y la población esclavizada. Supongo que si los saguntinos hubiesen sabido que los romanos les iban a abandonar, se hubiesen rendido a Aníbal de inmediato, pero pecaron de ingenuos. Yo si hubiese sido hispano, hubiese confiado más en el deslumbrante Aníbal, que sólo tenía 26 años y que con once juró ante el fuego sagrado de Cartago odiar a los romanos. 
Luego a Cneo Escipión se unió su otro hermano, Publio, y los dos estuvieron ocho años luchando contra cartagineses, celtíberos y todos los mercenarios del norte de África. 
Es extraño, ocho años también estuvo César luchando en las Galias hasta que la conquistó, sin cometer el error que cometieron los dos hermanos Escipiones: dividir las tropas. Publio Escipión atacó a Magón y a Asdrúbal, el hijo de Giscón, y su hermano Cneo atacó a Asdrúbal Barca. Primero cayó Publio, y luego Cneo.
Tampoco se pueden comparar aquellas conquistas, César además tuvo la suerte que todas las tropas celtas se concentraron en Alesia, sin embargo, para los Escipiones fue una pesadilla donde un día hacían aliados entre los nativos y al día siguiente les traicionaban. Pero después de lo de Sagunto, ¿quién podía confiar en Roma?
Pero más allá de la historia, la exposición es un recorrido magnífico sobre quiénes eran esos romanos que nos conquistaron y quiénes éramos nosotros.
Uno sale de la sala maravillado por las estatuas romanas, por los bajorrelieves, por los mosaicos, pero lo magnífico de esta exposición es que ha rescatado parte de la cultura que había en la península cuando ellos llegaron. 


miércoles, 9 de diciembre de 2015

CLEOPATRA: EXPOSICIÓN DEL CANAL MADRID. La mujer de los ocho rostros.

                
Altes Museum. Foto de Louis le Grand 
 Si van a ver la exposición, se darán cuenta de que la cara de Cleopatra es todavía un misterio. Es extraño que se conserven tan pocas estatuas o retratos suyos a pesar de que gobernó el país del Nilo durante casi veinte años. Tal vez no se dejó retratar, o tal vez Augusto se encargó de borrar su huella en toda Alejandría, o tal vez, sus estatuas estén hundidas frente al Faro, o donde antes se hallaba el magnífico palacio de Loquias (que era el palacio de los Ptolomeos que ahora debe estar nadando con los peces).
Ella siguió la costumbre de los Ptolomeos, una doble representación: estatuas siguiendo la iconografía egipcia (para contentar al pueblo que vivía en los nomos), y en segundo lugar están las estatuas y monedas de pura tradición helenística (destinadas para los macedonios y griegos de Alejandría).
Para el viejo país del Nilo, se hizo retratar como la primera sacerdotisa de Isis, que era el papel que tenía la esposa del faraón. Un ejemplo muy hermoso y monumental puede verse en los pilonos del templo de  Dendera, donde Cleopatra aparece retratada con su hijo Cesarión
Cleopatra y Cesarión templo de Dendera
 Su rostro no es un retrato en sí, sino que se ajusta al canon de los bajo relieves egipcios (podría ser Cleopatra, Nefertari o una Hatshepsut sin barba)
 Sin embargo son más interesantes los retratos helenísticos de la reina, sobre todo aquellos que pasan por verdaderos, que son tres:
1.       La Cleopatra del Museo de Antigüedades de Berlín. Es la que aparece en la portada del blog y está en el Altes Museum.

2.       Busto del Museo del Vaticano- del cual en la exposición hay una copia, un vaciado en yeso, que pueden ver en la exposición al entrar. Se parece bastante a la foto de la portada del blog, salvo que no puede verse la nariz porque la ha perdido.

3.       Una Cleopatra de una colección particular de Londres.
No los busquen, por desgracia, ninguno de ellos forma parte de la exposición, sal vo la copia en yeso. Sin embargo la exposición del Canal ha reunido 8 bustos que asegura ser retratos de Cleopatra:
El primero es un retrato elaborado en piedra caliza que viene directamente del museo de Hermitage de San Petersburgo. Es una pequeña cabeza con bucles (parece una peluca) y con las cuencas de los ojos vacías, destinadas para unos ojos vidriados que se han perdido con el tiempo. Podría ser Cleopatra o cualquier otra reina Ptolemaica, por ejemplo a hermana mayor de Cleopatra, llamada Berenice, que se autoproclamó reina en el año 58 a.C. Lo extraño de este retrato es que no lleva el peinado de moda en ese momento, llamado “melón”. Pero podría ser ella, a las mujeres siempre nos ha gustado variar.
El segundo retrato es una hermosa cabeza que procede del museo de Brooklyn. De todos es el que tiene un óvalo más redondo pero tiene una expresión triste, tal vez debido a que las cuencas de sus ojos también están vacías. No coincide con la imagen de delgaducha que tenía Cleopatra, pero tal vez se hizo en una época de su vida que estaba más pletórica. Si es ella, hay que decir a su favor, que unos pocos quilos le sentaban muy bien.
Después nos encontramos con una vitrina que reúne en fila otros seis bustos de Cleopatra, que los organizadores dan por verdaderos, pero que no se parecen entre sí:
Cuatro de ellos son de François  Antonovich, el coleccionista de antigüedades francés y habitual de las subastas de arte de Christies. De estos, el mejor conservado es uno que lleva un tocado de plumas de buitre. Lo reconocerán porque Cleopatra tiene un rostro afiladísimo, con una barbilla muy picuda, y conserva una nariz que es delgada y muy larga. Si quieren que les diga la verdad, recuerda a esos retratos de la corte de Akenatón que parecen extraterrestres. Tal vez estemos ante el rostro de la degeneración de los Ptolomeos (una familia con más de doscientos años de incestuosos matrimonios entre hermanos, tiene que dejar algún huella). No olvidemos que Cleopatra también era hija de dos hermanos.
Luego está el busto de Eisenberg en el cual los labios son muy carnosos, muy al estilo de los retratos de Alejandro Magno. No se parece en nada a las esculturas de Antonovich, la barbilla no es tan afilada y además tiene unos saludables pómulos.
En ese mismo expositor está el busto de Cleopatra que pertenece a Clarence Day: conserva un poco la nariz, y pueden verse claramente los orificios, es una nariz aguileña, que parece coincidir con lo que decía de ella Plutarco. Por cierto, Marco Antonio también tenía esa famosa nariz aguileña.  
Pero si uno se quiere hacer una idea más precisa de cómo era Cleopatra, es mejor recurrir a las monedas. Hay una especialmente curiosa: por la cara Cleopatra y en la cruz Marco Antonio.
 La reina, que compartió con Antonio catorce años de su vida, le permitió aparecer en las monedas con ella. Supongo que pagó la acuñación, porque es conocido que ella financiaba tropas de Marco Antonio, como una banquera rica. En realidad, Antonio era un mantenido en aquella corte. La pareja tenía una magnífica simbiosis: Cleopatra le entretenía con borracheras y juergas y él aportaba las legiones que todavía le eran fieles y le otorgaba protección frente a las ambiciones de Octavio. Cleopatra ya sabía que no había hombre en la tierra que la odiase más que Octavio, entre otras cosas porque ella se había paseado por Roma con el hijo que había tenido con Julio César. Bueno, Cicerón tampoco la tenía simpatía, pero no llegaba al extremo de Octavio, que tenía motivos personales.
En la moneda que hay en la exposición del Canal, ella aparece con su diadema en la cabeza, que para los macedonios era el símbolo de la realeza. No podemos decir quién era más feo, Marco Antonio con su robusto cuello y papada, o Cleopatra, escuchimizada y muy poca cosa. No me puedo imaginar a esta reina presentándose en Tarsos a Marco Antonio con su traje de Afrodita (es decir desnuda), en una barca real con todo el boato del lujo asiático, remontando el río para impresionar a Marco Antonio, que por supuesto, cayó rendido a sus pies.
Si quieren ver otra de las monedas de Cleopatra, aquí se harán una idea mejor de cómo debió de ser la reina:
Cleopatra VII tetradrachm Syria mint» de PHGCOM - Own work by uploader, photographed at the British Museum
           Como el tema tiene miga, otro día hablaré de los amores de Cleopatra y Marco Antonio. En la exposición se habla muy poco de su romance, y eso que es una de las historia con más morbo de la antigüedad. No sé cómo Hollywood no ha hecho una serie de veinte capítulos sobre ellos, reúnen todo: poder, incestos, asesinatos, traiciones, sexo, lujo, borracheras, desmadres varios.
En la exposición también pueden ver los trajes de la magnífica película de Mankievicz protagonizada por Elizabeth Taylor. Nadie mejor que Mankievicz para crear el mito. Por cierto, un director muy habilidoso, porque hay que recordar que cuando se rodó Cleopatra, todavía Hollywood estaba bajo el código Hays (el código de censura que se practicó en Hollywood hasta finales de los 60). En la película Cleopatra parecía una santa al lado de lo que fue, incluso yo de pequeña quería ser como ella.
Nada más lejos de la realidad, de todos los escritores romanos, sólo Plutarco nos da una imagen amable de ella. Pero si leen a Suetonio, a Flavio Josefo, a Apiano, a Cicerón y a Diodoro Sículo, más que una mujer parecía una harpía. Les daré un aperitivo: asesinó a sus dos hermanos, hizo que Marco Antonio matase a su hermana menor, traicionó a Marco Antonio después de la batalla de Actium, trató a los judíos de Alejandría con crueldad, hizo matar a todos los nobles de Alejandría que se le opusieron, ordenó saqueos de riquezas para ornamentar su tumba, intentó seducir de forma rastrera a Octavio y a Herodes, probaba venenos con los esclavos, y un largo etc. de horrores. 

domingo, 22 de noviembre de 2015

DIEZ FORMAS DE ENFRENTARSE A LOS BÁRBAROS


        1.       La huida; A veces no queda más remedio que la huida definitiva como le ocurrió a los Foceos en el s. VI a.C. Cuenta Heródoto, que  cuando llegaron las tropas de Ciro a conquistar la costa de Jonia,  la ciudad de Focea, sabiendo que no podía resistir al avance de los persas, les pidió que le permitieran meditar su respuesta por un día. Los persas pensaron que estaban meditando su rendición, pero mientras tanto los foceos embarcaron a toda la población en sus barcos y desaparecieron rumbo a sus colonias en el Mediterráneo. Arrojaron al mar un trozo de hierro ardiente y juraron no volver hasta que reapareciese en la superficie. Lo cumplieron.
    También puede ser una huida provisional como hicieron los atenienses cuando Jerjes invadió Grecia: en una astuta estrategia promovida por Temístocles, embarcaron a toda la población en trirremes y vivieron refugiados en Trecén hasta que consiguieron recuperar la ciudad tras la batalla de Salamina. En los frisos de Partenón, figura simbólicamente la lucha entre Lapitas y Centauros como la lucha entre la civilización y la barbarie.
    Friso del Partenón. Lapita contra Centauro o la civilización contra la barbarie

    2.       Construcción de un muro: la construcción de los muros defensivos data ya del tercer milenio antes de Cristo, así encontramos el muro de Semíramis, en el imperio Asirio para evitar los ataques de tribus enemigas. Los griegos construyeron un muro en el Ismo de Corinto para intentar evitar el avance de los Persas. Pero sin duda el más famoso es Muro de Adriano, la limes de Britania del cual todavía puede verse algún vestigio.
    Muro de Adriano

    3.       Matrimonio;  Es el viejo lema: si no puedes contra el enemigo alíate a él. Roma ya estaba en las últimas cuando tuvo que recurrir a una boda con los bárbaros.
    La boda más famosa y humillante la protagonizó al final de imperio romano Gala Placidia (hija del emperador Teodosio)  y Ataúlfo (cuñado de Alarico el rey visigodo) en el 414 en Narbona. Fue un último intento de detener a los bárbaros aliándose con ellos mediante unos esponsales (habría que preguntarle a la patricia Gala qué opinaba ella de casarse con un bárbaro).
    Gala Placidia


    4.       Pagar para que se vayan- Para humillación de los romanos, en el 390 a. C., los galos entraron en la ciudad y la saquearon. La única forma de hacerlos salir fue pagarles 1000 libras de oro al galo Breno. Cuenta Tito Livio, que para reunir tal cantidad incluso las mujeres se deshicieron de sus joyas. Cuando ya estaba pesado el oro, Breno puso en el platillo de la balanza su espada, obligando a los romanos a pagar todavía más para equilibrarla. Como dijo Breno al oír las protestas de los romanos: ¡Ay de los perdedores!

    5.       Mantener una zona se seguridad para evitar las invasiones-Un ejemplo de ellos son los territorios de Siria y Celesiria que eran los corredores de seguridad de Egipto ante las invasiones de los pueblos vecinos. Cuando en el 1274 a.C. Ramses II atacó a los Hititas en la batalla de Qadesh ( Siria), intentaba proteger este valioso corredor de gran importancia estratégica.
    Los faraones Ptolemaicos, mantuvieron la zona de Celesiria como un colchón para evitar invasiones de cualquier otro reino Helenístico. Ptolomeo I Sóter comprendió la importancia estratégica para Egipto de este corredor de tierra, el único paso vulnerable para conquistar el país del Nilo.  
    Ptolomeo I y Berenice. Faraones


    6.       Ataque frontal al enemigo en su propio territorio. Los romanos tuvieron todo un elenco de victoria y fracasos combatiendo al enemigo en tierra hostil. Uno de los más humillantes fue cuando Craso se quiso enfrentar a los partos y terminó prisionero, lo mataron haciéndole beber oro fundido. En cuanto a los soldados romanos, desaparecieron y se les llamó también la legión perdida (por lo visto había varias, no solo la de Inglaterra).  
    7.       Toma de rehenes- En esto Roma era experta. La ciudad estaba llena de hijos de reyezuelos de las provincias del imperio. El rehén más notable y del cual se enorgullecía César era Juba II (hijo del rey de Mauritania, criado en Roma y luego historiador). Juba II fue casado por Augusto con Cleopatra Selene (hija de Cleopatra VIII y Marco Antonio, que también terminó de rehén en Roma).
    No siempre los rehenes se plegaron a los intereses de Roma: Arminio (germano educado en Roma y amigo de generales y patricios) fue llevado con las legiones a Germania como conocedor del terreno y de las costumbres de los bárbaros. Sin embargo Arminio los traicionó en la batalla de Teutoburgo año 9, conduciéndolos a una trampa en el bosque de igual nombre.
    8.       Apoyar a un reyezuelo para que haga el trabajo sucio- Herodes I el Grande hizo un buen trabajo en la conflictiva palestina dispuesta a levantarse contra el poder romano.  Tras su muerte comenzaron los problemas.
    9.       Guerra de guerrillas. Una forma de luchar tan vieja como la humanidad es organizar una guerra de guerrillas. Desde el año 66 hasta el 71 los Zelotes y los Sicarios tuvieron entretenido a Tito hasta que terminó con la rebelión en la fortaleza de Masada.
    Arco de Tito, victoria sobre los judíos

    10.   La suerte, el destino o lo divino - hay casos inexplicables donde los invadidos se libran por los pelos de los Bárbaros. El caso más extraño fue en el 216 a.C cuando Aníbal ya había conquistado casi toda Italia y vencido a los romanos en la batalla de Cannas. Podía haber entrado en Roma triunfante y dado por terminada la guerra, pero algo le detuvo. Los historiadores no se ponen de acuerdo por qué no remató su triunfo. Tal vez, como dijo uno de los generales de Aníbal: “Sin duda Aníbal sabes cómo vencer, pero no sabes cómo hacer uso de tu victoria”.  ¿Fueron efectivas las rogativas y sacrificios humanos que hicieron los romanos para librarse de Aníbal? ¿O es que Aníbal se quedó paralizado al saber que después de Roma ya no había nada que conquistar?